
Dime, ¿No te da miedo conocer lo vacío que puedes llegar a estar? Vivir siempre bajo una armadura brillante de fría simpatía es mayor tarea de las que brillantes mentes pudieron idear. Un café, una espada y mil venas llorando lágrimas de pétalos ennegrecidos. Tenerlo todo y no tener nada. Pero esto, como todo, es parte de este baile llamado vida en el que todos bailamos hasta caer el oscuro manto. Las mascaras van y vienen, la alegría se derrama en copas de néctar dorado, una sonrisa tímida por aquí y aquel gran espectáculo por allá. Pero no hay de que preocuparse, todos hemos bailado ya en multitud de ocasiones, esto no es nada nuevo ni sorprendente, es mas, no se tarda mucho en regenerar un alma hasta su continuo estado de vacío. Lo atemorizante no es el sangrar, es la indiferencia de ello cuando se convierte en parte del baile como un paso cotidiano. Pero, visto de otro modo... ¿Que clase de baile sería si no fuera con todo esto? Una copa del vino mas amargamente delicioso no debe arruinarnos la noche, no debe.
Todo esto va para el único que lee estas gilipolleces, para mi Olïnosaurio favorito.