La ilusión mueve montañas, con sus poderosos brazos, propios o pagados con algún bien material de irrisorio valor a la satisfacción humana. La ilusión es el reflejo físico de la necesidad del alma, es el deseo por complacer que mueve el mundo. Y todo esto es debido a la necesidad que nos creamos nosotros mismos de ilusionarnos. Podemos concluír debido a un simple silogismo que la necesidad mueve montañas, o lo que es lo mismo, el mundo. La necesidad creada por el ser humano.
Puede ser una necesidad de distintas naturalezas, pero siempre personal, incluso las necesidades colectivas, las necesidades de moda, o las necesidades ficticias. Estos son los tres grandes tipos de necesidades innecesarias con las que jugamos en nuestra partida: la vida. Las colectivas, simples como una falacia "ex populo", consisten en la necesidad creada en el ambiente, la inútil sensación de superioridad que obtenemos al ser aceptados en cierto grupo por nuestras tenencias, pensamientos o compañías. Las necesidades de moda, similares a las anteriores, pero más estúpidas aun, porque su base está formada por el excentrismo puro y duro, del cual se alimenta como carroña la máquina capitalista; necesidad por la cual el mundo crece y se hace árido a ojos de los puristas. Y finalmente, las necesidades ficticias, que son las que crea nuestro subconsciente para hacernos seres animados, aquellas que nos hacen darle vueltas al coco, que años después, cuando las analizamos, si hemos madurado nos veremos como seres superiores, y nos llamaremos estúpidos.
Y ahí es donde entra el factor más puro del alma, en las necesidades ficticias creadas por el hombre de a pié, no por el genio. Las necesidades ficticias de los genios, son las que después serán las necesidades excéntricas de la moda, las que la prole deseará seguir, el ejemplo a conseguir. Las ficticias, se bastan con ser las personales de cada individuo, las que forman la vida de uno, las que dan sentido a nuestro andar por el mundo. Son las que nos ayudan a evolucionar, a ser personas, no máquinas, a tener metas, a conseguir bienestar; y es que por mucho que nos duela, el bienestar es como bien indicaban los protoilustres filósofos griegos, el estado perfecto del alma, la simbiosis entre felicidad y naturaleza.
Por lo tanto, deducimos con otro simple silogismo que tenemos dos necesidades "negativas" o absurdas, y otra necesidad completamente necesaria. Sí, habeis adivinado bien, la marabunta de necesidades que nos incrustan día tras día en el cerebro, son malas necesidades. Las necesidades de aceptación, en este caso las colectivas, no son malas, pero tampoco son útiles, no nos ayudan como seres humanos. Y las que nos diferencian del resto de las bestias, las que nos dotan de conciencia, las que le dan sentido al alma humana son las necesidades ficticias, las que anteriormente explicamos, mueven nuestra episteme, nos hacen retrospectar en nuestro interior para evolucionar. Nos permiten madurar, vivir, morir, deprimir, alegrar. Estimulan nuestros sentimientos, el trabajo, la depresión, la alegría, las ganas de vivir, las ganas de morir.
Son un mal necesario.
Pero un mal de infinitamente natural, natural de nuestra naturaleza humana, adherido a nuestra alma como un parásito que no nos deja vivir pero nos da la vida. Son un mal sano, sanísimo. Es la muerte que engendra vida. Es el ying, es el yang. Es nuestro motor. Nuestras ganas de vivir.
Mi consejo: nunca desobedezcais a vuestras necesidades interiores, intentad conseguirlas siempre, porque la felicidad no te la dará ni un colectivo ni una época, si no que tú, y solo tú serás el único completamente dotado para otorgártela.
Como te ganas el pan de cada día, gánate tu felicidad.